lunes, 17 de mayo de 2010
Una de las leyendas clásicas relacionadas con profesionales que
terminan su trabajo y no cobran es la del albañil al que le contratan
para realizar una chimenea en el salón de un acaudalado empresario. Una
vez hubo terminado, el acaudalado le dijo al obrero que en ese momento
no disponía de dinero en la casa y que ya le avisaría para que pasara a
cobrar, a lo que le respondió que entonces no podría usar la chimenea
hasta que no le pagase.
El albañil se marchó y al cabo de
aproximadamente una hora, el cliente le llamó para decirle que tenía
todo el salón lleno de humo y que la chimenea no iba bien.
-¡Ya le advertí que no podría usar la chimenea hasta que me pagase - le dijo - en el momento en que lo haga, su chimenea funcionará perfectamente.
El empresario se comprometió a pagarle en el momento si iba ahora
mismo, el obrero lo hizo y cuando recibió el dinero se subió al tejado
con un ladrillo que lo lanzó por el hueco de la chimenea rompiendo de
este modo el cristal que había puesto en su interior.
Es evidente que no era la primera vez que le encargaban un trabajo y no se lo pagaban, por lo que tuvo que recurrir al ingenio.
Se trata de una leyenda urbana, sin embargo, recuerdo que cuando empezó
todo esta historia de los ordenadores y que las empresas querían
informatizar todo, un amigo programador, me comentó que cuando vendía
un programa a "plazo", es decir que el comprador se
comprometía a pagarlo en varias veces en fechas ya pactadas, él le
colocaba una rutina en la que en las fechas de pago, solicitaba una
clave, si el empresario no había realizado el pago, mi amigo no le daba
la clave.