domingo, 22 de marzo de 2009

¿La obediencia nos puede obligar a matar?


¿Hasta qué punto consideras que somos unos asesinos en potencia?

Un experimento demuestra de lo que somos capaces.

Piensa que te presentas voluntario para realizar un experimento y nada más llegar te dicen que se trata de matar a una persona inocente.

Evidentemente, cualquier persona en su sano juicio diría que "de eso nada", incluso habría muchos que lo denunciarían a la policía.

En 1960, Stanley Milgram realizó un experimento similar en la Universidad de Yale que consistía en que una persona tenía que memorizar una serie de palabras emparejadas, cuando otro voluntario le decía una de las palabras, el primero tenía que repetir la que estaba emparejada con esta.

En el caso de equivocarse el segundo voluntario tenía que pulsar un botón que provocaría una descarga eléctrica sobre el primero.

Esta descarga iba aumentando en intervalos de 15 voltios.

Según Milgram, el experimento consistía en demostrar que una persona a base de castigo era capaz de aprender.

Comienza la prueba y empiezan los errores, conforme la descarga aumenta de voltios, el que las recibe empieza a protestar por el dolor que le causa, cuando va por 120 voltios, empieza a llorar suplicando que se pare, que le duele muchísimo.

A los 150 voltios el voluntario que apretaba el botón, miraba desconcertado a Milgram, el cual indicaba qu el experimento debía de continuar.

En realidad, el experimento no consistía en "aprender por el dolor" sino ver hasta que punto una persona era capaz de provocar dolor a otra solo porque alguien con autoridad se lo indicaba.

Las dos terceras partes de los voluntarios continuaron hasta que la descarga era superior a los 450 voltios, momento en que se desvanecía el que voluntario que recibía las descargas, Milgram, acudía a él, lo sacudía y todo hacía indicar que había fallecido.

Lo más preocupante, es que cuando se realizaba el mismo experimento, pero sin escuchar los gritos del primer voluntario, todos, el 100%, seguía pulsando el boton de las descargar sin ningún tipo de remordimiento.

En realidad, el supuesto voluntario que recibía las supuestas descargas era un actor y todos los cables que llevaba pegados al cuerpo eran de "atrezo", es decir, nunca recibía las descargas.

Existe una grabación de aquella época, que me ha sido imposible localizar, sin embargo si he encontrado otra más actual, en la que se realiza el mismo experimento, que se denomina "El test de la obediencia de Milgram".

 

 

Basado en el mismo principio de la obediencia, podéis ver este otro vídeo, en el que una persona autoritaria obliga a personas que van paseando por la calle a recoger un papel del suelo y tirarlo a la papelera, a pesar de que no han sido ellos los que lo han tirado.


La condición humana es un misterio




Publicado por Plewaynar @ 13:11 | Varios | 0 Comentarios | Enviar

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