En Abril del 2000, la revista Esquire publica un artículo titulado, "There are no free wheels" según el cual, una empresa llamada Freewheelz había comenzado una línea de negocio consistente en regalar coches a cambio de que los conductores aceptaran llevar publicidad en el exterior del vehículo y que permitieran que la radio emitiera, también, la publicidad que la empresa quisiera.