Corrían los años 40 en una España deprimida por una guerra civil que había finalizado unos años atrás.
La pobreza y la miseria de las personas era evidente, familias destrozadas y separadas por un falso entendimiento de lo que está bien y de lo que esta mal.
¿Todos quieren el bien para su país y para sus gentes?... ¿y con una guerra se soluciona?
Estos eran los pensamientos de Jerónimo, sentado a la puerta de la que había sido siempre su casa.
Con sus más de ochenta años, había vivido muchas cosas, algunas de las cuales, preferiría olvidar.
El sol calentaba su piel curtida por el sol de muchas estaciones pasadas en el campo, ahora en cambio, tenía que quedarse en la casa, ya que apenas si veía bien, sus manos temblaban y sus piernas apenas si servía para mantener su debilitado cuerpo.
Joaquín, su hijo mayor, salió de la casa, con una caja de cartón debajo de su brazo y una manta enrollada bajo el otro.
-¡Padre, tiene usted que venir conmigo! - le dijo sin mirarle a la cara.
María, su nuera, la que se preocupara por él, la que le preparaba aquellas sopas de ajo que tanto le agradaban, la misma que liaba sus cigarrillos de picadura, salió a la puerta con rostro de tristeza y lo besó.
- ¡Abuelo!- empezó a decir, pero no pudo continuar y tapándose la cara con el delantal que colgaba de su cintura entró en la casa.
-¿y tus otros hermanos? - preguntó Jerónimo con una lastimera voz mientras sus ojos se llenaba de lagrimas.
-No han podido venir padre, están en las tierras, ya sabe... - contestó su hijo dándole la espalda.
Sabía que algún día tendría llegar este momento, pero no esperaba que fuese hoy.
El abuelo, con mucho pesar se levantó, miró hacia la puerta.
- ¿No podemos esperar que vengan los niños? - preguntó.
- ¡Es tarde y se nos puede hacer de noche por el camino! - contestó poniéndose en marcha.
Durante más de una hora, hijo y padre andaron por polvorientos caminos, sin más compañía que el sol y las nubes de ese día de primavera.
El abuelo, intentaba distinguir con su nublada vista todo aquello que tenía delante, quería memorizarlo, ya que sería la última vez que podría disfrutar de su tierra, de su aire, de sus vientos y de su sol.
- ¡Padre, puede descansar aquí si quiere! - Dijo Joaquín sin mirarle, mientras sacaba un librito de papel de fumar y su bolsa de picadura.
Tras liar un primer cigarrillo se lo ofreció al viejo, que con temblorosa mano lo cogió. Sacó su "chesquero" y lo prendió.
- Hace más de cuarenta años - empezó a decir el anciano - mi padre también se sentó en esta piedra a descansar mientras lo llevaba al asilo.
MORALEJA: Las leyendas urbanas intentan tocar la sensibilidad de las personas.
Así fue como me contarón por primera vez esta leyenda urbana o mito haya por finales de los 60.
Posteriormente escuché otras versiones, en una de ella, iban el abuelo, el hijo y el nieto, cuando se detuvieron a descansar el niño insitía a su padre que le dijera que a donde iban, tras la insitencia, el padre contestó que "a llevar al abuelo al asilo" a lo que el pequeño le dijo, "entonces parte la manta por la mitad y guardala para cuando yo tenga que llevarte a ti."
En otros paises se cuentan historias similares en las que por lo general siempre es un niño el que intenta darle una lección al mayor.
Por ejemplo, en Estados Unidos, El abuelo que vive con su hijo, empieza a tener temblores en la mano, lo que provocaba que a la hora de la comida, la sopa se le caiga, por lo que el hijo decide ponerle de comer a él solo en la cocina, con el tiempo estos temblores se acentuan y llega a romper varios platos, por lo que le hijo decide seguir dejandolo comer solo en la cocina pero le cambia los platos y enseres por platos de madera.
A los pocos días ve que su hijo está en el garaje puliendo trozos de madera, cuando el padre le pregunta por l oque esta haciendo le contesta que preparando su plato y su vaso para cuando su padre sea un viejo como el abuelo.
Incluso hay una mucho más cruenta en la que deciden poner al abuelo en una cesta y tirarlo al rio para que muera, en ese momento el hijo pequeño le dice a los padres "cuando termineis con el abuelo, recoged la cesta, para cuando a mi me haga falta para vosotros".
Todo esto son historias y leyendas que vienen de muy antiguo que ha ido evolucionando con el tiempo y que se han ido adaptando a la sociedad.
En ninguna de estas historias se cuenta que hacen los hijos ante el comentario.
En la mente de todos aquel que la escucha quieren pensar que cogen y se dan la vuelta o que el abuelo vuelve a comer con toda la familia.
Es una incognita que queda ahí y que lo que pretende es hacer reflexionar.